EXTRAÑA NOSTALGIA RETROSPECTIVA, MIENTRAS VIAJABA EN UNA COMBI

"Por que en el burdel estás más cerca de la realidad que en el convento"
Conversación en la Catedral, Vol. I – Cáp. VIII, Pág.166)
Afuera es Febrero por la tarde, el cielo color acero ha sido desplazado por ese disco perpetuo que llamamos sol; y, brilla tenazmente.
Camino raudamente un par de cuadras, la distancia de mi casa al paradero, llego y espero solemnemente mi combi. Transcurren unos minutos hasta que logro subirme a una, arriba veo a condorito transformado en educador: “no arroje papeles al piso, llévelos en sus bolsillos” “Si UD. salio tarde no es culpa del chofer”, y otro más bien suplicante: “colabore con el cobrador, pague con sencillo” Busco un asiento tranquilo para una lectura propicia. Veo un lugar desocupado detrás del cobrador, estoy a punto de sentarme ahí cuando leo: asiento reservado (ley…). Mejor no, luego hay que estarse parando para ceder el asiento, pienso, ser un buen ciudadano en Lima fatiga, además hasta San Marcos son una hora y veinte; estoy enganchado a una lectura así que busco otro trono.
Atrás veo una chica morena, muy guapa, lleva puesta una minifalda un tanto agresiva, sentada al pie del estrecho pasadizo de la combi, hay un espacio entre ella y el vidrio. Permiso por favor, le digo, luego me acomodo y descubro que el forro del asiento esta hirviendo, con razón me miro con ese gesto coqueto y castigador mientras me dejaba pasar, fue como si me hubiera dicho: jódete por mañoso. Le respondo, mentalmente, ese imaginario pugilato verbal: no soy ningún mañoso, le digo, solo quería estar cómodo y disfrutar del paisaje. En fin, busco infructuosamente mis lentes negros para protegerme del inclemente sol, los olvidé, que candelejón.
Acodado ya en mi butaca, con el sol en pleno rostro, saco la novela de mi canguro negro; el cual siempre lo llevo cruzado sobre el pecho. ¿Dónde me quedé?... así, acá es y leo: Por que en el burdel estás más cerca de la realidad que en el convento. Me río, y la viejita que esta sentada a mi lado me mira extrañada [la chica morena y guapa de la minifalda un tanto agresiva se extinguió al bajarse, tres minutos después de que yo me sentara a su lado, me dejo out, y en su reemplazo quedó una viejecita, que tenía el cabello tan cano como el algodón] Me quedo cavilando unos instantes sobre la frase leída, y me pregunto ¿cómo habrá sido esa época? y de pronto siento esa nostalgia enigmática, esa que nos invita a extrañar algo que jamás nos perteneció. Esa absurda melancolía, diría alguna vez mi amigo el franquillo.
Trato de seguir leyendo, pero me es imposible retomar la concentración mínima, se me vienen más preguntas [imagino que en mi cerebro esta ocurriendo eso que los educadores llamarían: conflicto cognitivo, ¿no? estimada Hilda]. Además el chofer del barco terrestre a prendido la radio, y escucho una voz muy cerca y extraña que se supone es de un marciano amigable que pregunta: ¿y dime cómo está eso? y la llamada entrante que responde: “elegante pe marci” [alzo la mirada, veo un parlante -pioneer- justo a la altura de mi asiento, estoy salado ¡caracho!] Con la música de fondo, a petición del integrante de la batería seria de Los Olivos, me pongo a ver la calle a través de ese barrote simbólico que es el vidrio, la combi se convirtió en una celda transitoria a las horas punta, y sobre todo con el sol que no deja de brillar y la gente que no deja de subir.
Me siento sofocado, mis sentidos son vulnerados constantemente: huele a axila, me aprietan al bajar, el ruido es infernal, pero mi vista se distrae por unos instantes cuando el carro se detiene frente al circulo rojo del semáforo, afuera logro leer un anuncio: “Hostal Secretos”, habitaciones desde S/. 10.00 c/ baño y agua caliente, S/. 15.00 c/ cama matrimonial, S/ 20.00 c/ TV con cable, S/ 30.00 –es el full equipo- c/ Jacuzzi, y me pregunto ¿será como el Jacuzzi-piscina del antiguo palacio, donde solía bañarse La Linda Susan, madre del orejonsísimo Julius?...quién sabe. Y me pregunto ¿de donde salieron tantos hostales?, será eso parte de lo que algunos teóricos llaman “Democratización del Espacio”.
Sin lugar a dudas Lima cambió, el tiempo no solo se encargó de agrietar sus viejas casonas de quincha y adobe; sino también las relaciones que se tejían dentro de éstas. ¿Eso es bueno, es malo?, toda respuesta será un juicio de valor desde donde estemos parados [eso es en realidad un pretexto para no decir más]. Aquella época de los burdeles, que esta magníficamente expresada en la Literatura, a La Pies Dorados retratada en la “Ciudad y Los Perros”, a Vilma: la chola hermosa de puquio en “Un Mundo Para Julius”, el burdel de Mabel, donde iba el ex dictador Odria (1948-1956) asiduo parroquiano que hacía cerrar el lugar -y hasta la cuadra- para él y sus amigotes, también el Jr. Huatica (actual renovación en La Victoria) donde en una conferencia (en la BNP) me entero que fue mucho más de lo que imagine, un espacio exclusivo donde la carne ejercía su dictadura en toda una manzana, y mas.
Nuestra Lima actual es distinta, ese imperio de la carne y de los sentidos; ese mundo hedonista regido por reglas tácitas ha desaparecido [por que de un burdel se podrán decir muchas cosas menos que era/es desorganizado]
Por cierto que hay diferencias sustanciales entre el Burdel y el Prostíbulo [según confesó un ex-profeso Putañero con algo de nostalgia vivencial, que distinto, ¿no?] En el primero no sólo podías obtener el bálsamo para tus deseos, sino también podías establecer otro tipo de lazos grupales: la tertulia, el baile, la música. En cambio, en el segundo sólo se solucionan los problemas del bajo vientre1.
El primero como un medio para la socialización, el segundo como un fin en sí mismo. Al burdel jamás se iba solo, la gracia estaba en ir con la patota. Aunque cierto también es que, uno no siempre quiere estar acompañado de los amigos, hay momentos en los cuales creemos bastarnos con nosotros mismos. Sin embargo, este autoexilio que en ocasiones solemos inflingirnos se da más cuando estamos tristes o asqueados de algo, y no así cuando nos sentimos radiantes.
La búsqueda siempre esta condicionada por la necesidad, y esa Comunidad Orgiástica se ha diluido. Ya no es necesario llevar a los hijos para que debuten y reafirmen su virilidad frente a una puta, los burdeles han dado paso a casa de citas que anuncian en todos los periódico incluso en el mas linajudo y conservador de ellos, (es que el periodismo siempre ha ido de la mano con la prostitución y el alcohol… ¿por qué estudie sociología?, caracho), sino lean “Los Últimos días de La Prensa
En fin, decía que los burdeles han cedido el paso a nuevos espacios3: al sexo virtual, casas de citas, a jugar a la ruleta rusa y conocer gente por Internet.
Existen tantas variantes para disfrutar de esa supuesta sexualidad plena, aunque falta lo más importante: información. Anualmente salen embarazadas más de cien mil adolescentes, sin embargo no se les dice como protegerse y tal como señaló Javier Arévalo, en una frase exquisita que resume la problemática: “Tú no debes tener sexo, por eso no te digo como cuidarte”. Entonces vemos que esa exteriorización de la Libertard Sexual es ficticia o, en todo caso, sólo comercial.
lEL carro esta por seguir su recorrido y empieza a temblar la carrocería, logro escuchar una voz que grita: “¡avanza pues oe!”, sigo mirando a través de ese barrote transparente: una parejita que asoma una mirada furtiva hacia la calle desde el umbral del Hostal Secretos, pienso, gozar de los espacios democráticos tiene sus costos. ¿La democracia da vergüenza, costo- beneficio? me río sonoramente y no volteo a ver si alguien me esta mirando. Ya no puedo seguir leyendo, mejor escuchar música, regreso la mirada a mi canguro, revoloteo un poco; ahí esta. Saco mi Discman que contiene un Mp3 de “Héroes del Silencio”, busco instintivamente la canción con Nombre de guerra4, la ubico en más de ciento cincuenta canciones que tengo, saco los audífonos y me los pongo mientras presiono Hold y guardo el aparatito ése en mi canguro. Empiezo a escuchar: un, dos, tres y...entra despacio que nadie oiga tus pasos mientras tanto si los nervios no traicionan todo ira bien…por ahora no necesito nada más que esto, pienso, lanzo una última mirada hacia fuera y veo por última vez a la parejita que se aleja del epicentro de su romance, están abrazados y se dibuja una sonrisa cómplice en sus rostro.
***FIN***
____________
1 Frase de García Márquez para referirse a las urgencias carnales.
3 En realidad no sé si aún siguen existiendo los Burdeles…pero cualquier contribución para disipar mi duda será recompensada….como dicen los vendedores de caramelo: “apóyenme en ese sentido
4 Una canción que podría formar parte de la banda sonora de este escueto escrito.
Camino raudamente un par de cuadras, la distancia de mi casa al paradero, llego y espero solemnemente mi combi. Transcurren unos minutos hasta que logro subirme a una, arriba veo a condorito transformado en educador: “no arroje papeles al piso, llévelos en sus bolsillos” “Si UD. salio tarde no es culpa del chofer”, y otro más bien suplicante: “colabore con el cobrador, pague con sencillo” Busco un asiento tranquilo para una lectura propicia. Veo un lugar desocupado detrás del cobrador, estoy a punto de sentarme ahí cuando leo: asiento reservado (ley…). Mejor no, luego hay que estarse parando para ceder el asiento, pienso, ser un buen ciudadano en Lima fatiga, además hasta San Marcos son una hora y veinte; estoy enganchado a una lectura así que busco otro trono.
Atrás veo una chica morena, muy guapa, lleva puesta una minifalda un tanto agresiva, sentada al pie del estrecho pasadizo de la combi, hay un espacio entre ella y el vidrio. Permiso por favor, le digo, luego me acomodo y descubro que el forro del asiento esta hirviendo, con razón me miro con ese gesto coqueto y castigador mientras me dejaba pasar, fue como si me hubiera dicho: jódete por mañoso. Le respondo, mentalmente, ese imaginario pugilato verbal: no soy ningún mañoso, le digo, solo quería estar cómodo y disfrutar del paisaje. En fin, busco infructuosamente mis lentes negros para protegerme del inclemente sol, los olvidé, que candelejón.
Acodado ya en mi butaca, con el sol en pleno rostro, saco la novela de mi canguro negro; el cual siempre lo llevo cruzado sobre el pecho. ¿Dónde me quedé?... así, acá es y leo: Por que en el burdel estás más cerca de la realidad que en el convento. Me río, y la viejita que esta sentada a mi lado me mira extrañada [la chica morena y guapa de la minifalda un tanto agresiva se extinguió al bajarse, tres minutos después de que yo me sentara a su lado, me dejo out, y en su reemplazo quedó una viejecita, que tenía el cabello tan cano como el algodón] Me quedo cavilando unos instantes sobre la frase leída, y me pregunto ¿cómo habrá sido esa época? y de pronto siento esa nostalgia enigmática, esa que nos invita a extrañar algo que jamás nos perteneció. Esa absurda melancolía, diría alguna vez mi amigo el franquillo.
Trato de seguir leyendo, pero me es imposible retomar la concentración mínima, se me vienen más preguntas [imagino que en mi cerebro esta ocurriendo eso que los educadores llamarían: conflicto cognitivo, ¿no? estimada Hilda]. Además el chofer del barco terrestre a prendido la radio, y escucho una voz muy cerca y extraña que se supone es de un marciano amigable que pregunta: ¿y dime cómo está eso? y la llamada entrante que responde: “elegante pe marci” [alzo la mirada, veo un parlante -pioneer- justo a la altura de mi asiento, estoy salado ¡caracho!] Con la música de fondo, a petición del integrante de la batería seria de Los Olivos, me pongo a ver la calle a través de ese barrote simbólico que es el vidrio, la combi se convirtió en una celda transitoria a las horas punta, y sobre todo con el sol que no deja de brillar y la gente que no deja de subir.
Me siento sofocado, mis sentidos son vulnerados constantemente: huele a axila, me aprietan al bajar, el ruido es infernal, pero mi vista se distrae por unos instantes cuando el carro se detiene frente al circulo rojo del semáforo, afuera logro leer un anuncio: “Hostal Secretos”, habitaciones desde S/. 10.00 c/ baño y agua caliente, S/. 15.00 c/ cama matrimonial, S/ 20.00 c/ TV con cable, S/ 30.00 –es el full equipo- c/ Jacuzzi, y me pregunto ¿será como el Jacuzzi-piscina del antiguo palacio, donde solía bañarse La Linda Susan, madre del orejonsísimo Julius?...quién sabe. Y me pregunto ¿de donde salieron tantos hostales?, será eso parte de lo que algunos teóricos llaman “Democratización del Espacio”.
Sin lugar a dudas Lima cambió, el tiempo no solo se encargó de agrietar sus viejas casonas de quincha y adobe; sino también las relaciones que se tejían dentro de éstas. ¿Eso es bueno, es malo?, toda respuesta será un juicio de valor desde donde estemos parados [eso es en realidad un pretexto para no decir más]. Aquella época de los burdeles, que esta magníficamente expresada en la Literatura, a La Pies Dorados retratada en la “Ciudad y Los Perros”, a Vilma: la chola hermosa de puquio en “Un Mundo Para Julius”, el burdel de Mabel, donde iba el ex dictador Odria (1948-1956) asiduo parroquiano que hacía cerrar el lugar -y hasta la cuadra- para él y sus amigotes, también el Jr. Huatica (actual renovación en La Victoria) donde en una conferencia (en la BNP) me entero que fue mucho más de lo que imagine, un espacio exclusivo donde la carne ejercía su dictadura en toda una manzana, y mas.
Nuestra Lima actual es distinta, ese imperio de la carne y de los sentidos; ese mundo hedonista regido por reglas tácitas ha desaparecido [por que de un burdel se podrán decir muchas cosas menos que era/es desorganizado]
Por cierto que hay diferencias sustanciales entre el Burdel y el Prostíbulo [según confesó un ex-profeso Putañero con algo de nostalgia vivencial, que distinto, ¿no?] En el primero no sólo podías obtener el bálsamo para tus deseos, sino también podías establecer otro tipo de lazos grupales: la tertulia, el baile, la música. En cambio, en el segundo sólo se solucionan los problemas del bajo vientre1.
El primero como un medio para la socialización, el segundo como un fin en sí mismo. Al burdel jamás se iba solo, la gracia estaba en ir con la patota. Aunque cierto también es que, uno no siempre quiere estar acompañado de los amigos, hay momentos en los cuales creemos bastarnos con nosotros mismos. Sin embargo, este autoexilio que en ocasiones solemos inflingirnos se da más cuando estamos tristes o asqueados de algo, y no así cuando nos sentimos radiantes.
La búsqueda siempre esta condicionada por la necesidad, y esa Comunidad Orgiástica se ha diluido. Ya no es necesario llevar a los hijos para que debuten y reafirmen su virilidad frente a una puta, los burdeles han dado paso a casa de citas que anuncian en todos los periódico incluso en el mas linajudo y conservador de ellos, (es que el periodismo siempre ha ido de la mano con la prostitución y el alcohol… ¿por qué estudie sociología?, caracho), sino lean “Los Últimos días de La Prensa
En fin, decía que los burdeles han cedido el paso a nuevos espacios3: al sexo virtual, casas de citas, a jugar a la ruleta rusa y conocer gente por Internet.
Existen tantas variantes para disfrutar de esa supuesta sexualidad plena, aunque falta lo más importante: información. Anualmente salen embarazadas más de cien mil adolescentes, sin embargo no se les dice como protegerse y tal como señaló Javier Arévalo, en una frase exquisita que resume la problemática: “Tú no debes tener sexo, por eso no te digo como cuidarte”. Entonces vemos que esa exteriorización de la Libertard Sexual es ficticia o, en todo caso, sólo comercial.
lEL carro esta por seguir su recorrido y empieza a temblar la carrocería, logro escuchar una voz que grita: “¡avanza pues oe!”, sigo mirando a través de ese barrote transparente: una parejita que asoma una mirada furtiva hacia la calle desde el umbral del Hostal Secretos, pienso, gozar de los espacios democráticos tiene sus costos. ¿La democracia da vergüenza, costo- beneficio? me río sonoramente y no volteo a ver si alguien me esta mirando. Ya no puedo seguir leyendo, mejor escuchar música, regreso la mirada a mi canguro, revoloteo un poco; ahí esta. Saco mi Discman que contiene un Mp3 de “Héroes del Silencio”, busco instintivamente la canción con Nombre de guerra4, la ubico en más de ciento cincuenta canciones que tengo, saco los audífonos y me los pongo mientras presiono Hold y guardo el aparatito ése en mi canguro. Empiezo a escuchar: un, dos, tres y...entra despacio que nadie oiga tus pasos mientras tanto si los nervios no traicionan todo ira bien…por ahora no necesito nada más que esto, pienso, lanzo una última mirada hacia fuera y veo por última vez a la parejita que se aleja del epicentro de su romance, están abrazados y se dibuja una sonrisa cómplice en sus rostro.
***FIN***
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1 Frase de García Márquez para referirse a las urgencias carnales.
3 En realidad no sé si aún siguen existiendo los Burdeles…pero cualquier contribución para disipar mi duda será recompensada….como dicen los vendedores de caramelo: “apóyenme en ese sentido
4 Una canción que podría formar parte de la banda sonora de este escueto escrito.



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